- Metafísico. - Psíquico. - Profesor en Parapsicología. -

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jueves, 1 de junio de 2023

En busca del camino de la verdadera Conciencia -Parte seis-



En busca del camino de la verdadera Conciencia -Parte uno-  Lo puedes leer Aquí 

 En busca del camino de la verdadera Conciencia -Parte dos-  Lo puedes leer  Aquí 

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En busca del camino de la verdadera Concienci-Parte seis-


En la lucha por la lucha por la verdadera Conciencia


De todas las civilizaciones que tuvo el planeta Tierra, todas cayeron bajo la contaminación de la oscuridad; en una energía de contaminación de la ambición; de la lucha por el poder, del caos, de los conflictos, de la confusión, de la guerra, del control y una total ignorancia espiritual  

 

Todo ese baraje del verdadero conocimiento fue utilizado negativamente, y muchas de las civilizaciones del pasado han hecho lo mismo, inclusive la civilización de Atlantis; empleando esos secretos en su propio beneficio y en hacer daño a otros, en dominar y destruir a los demás, como las naciones que hoy se amenazan unas a otras con la bomba atómica. Por cierto, la bomba atómica no es un descubrimiento de hoy; fue descubierta hace miles – miles de años, y causó tremendos desastres. 


Si la humanidad tomase conciencia, de la realidad del caos que están creando, como lo que sucede en el conflicto de Ucrania, Europa, o como ocurrirá con Taiwán u otros lugares; eso causara un desastre. Todas esas acciones de sus gobiernos es para lograr vuestro control, para su propio beneficio, en hacer daño a otros, en dominar y destruir a los demás, como las naciones que hoy se amenazan unas a otras y eso causara en la posibilidad de una guerra atómica. Esa locura del ser humano debe detenerse ``Detenerse´´, y encarrilarse en una realidad de la Paz y luchar por la Paz de vuestro mundo; y por el bienestar de las de sus futuras generaciones de sus ancestros; para la Paz y Armonía de sus hijos, sus nietos...y para el beneficio de vuestro mundo

 

En todas las religiones del mundo, en la historia de todas las tribus y naciones, se habla de un Diluvio, de una catástrofe, en la cual muchos humanos se ahogaron y en qué naciones enteros quedaron sumergidos; mientras otras tierras emergieron y todo el mundo era un torbellino. Están registradas en la historia de los incas, los egipcios, los cristianos, en la de todos los pueblos.  Ese diluvio lo causó las bombas, si leen los relatos de la historia de Krishna, una deidad de la India, en donde se relata - que esa deidad disparó flechas de fuego y de esa forma terminó destruyendo a sus enemigos; esas flechas eran misiles y por esas maravillas sobrenaturales fue catalogado como una deidad sagrada

 

Permitidme que cuente aquí cómo ocurrió:

 

Hace muchísimo tiempo, la Tierra era muy diferente a como es ahora, giraba mucho más cerca del Sol y en dirección contraria y había otro planeta cerca, un gemelo de la Tierra. Los días eran más cortos, por lo que el hombre parecía tener una vida más larga. Parecía vivir centenares de años. El clima era más cálido y la flora era tropical y lujuriante. Los animales alcanzaban un enorme tamaño y formas muy diversas. La fuerza de gravedad era mucho menos que la de hoy porque la Tierra giraba a un ritmo diferente, y el hombre de esa época quizá fuese de doble tamaño a los que son hoy, pero, aun así, comparándose con ustedes, resultaría ser un pigmeo comparado con otra raza que vivía también en la Tierra. 


En efecto, en la Tierra habitaban también seres de un sistema diferente, unos súper-intelectuales que controlaban los asuntos de este mundo y enseñaban mucho a los seres humanos de vuestra raza. El ser humano primitivo, eran discípulos de aquellos seres enormes gigantes que le enseñaban muchas cosas y que frecuentemente se embarcaban en unos extraños aparatos de metal reluciente y navegaban por los cielos.

 

El hombre primitivo, era un pobre ignorante que aún se hallaba en el umbral de la razón, no podía entender en modo alguno aquellas maravillas, pues su intelecto apenas era mayor que el de los monos.

 

Durante muchísimo tiempo, la vida siguió plácidamente en la Tierra. Había paz y armonía entre todas las criaturas. Los hombres podían conversar sin necesidad de hablar; lo hacían a través de la telepatía. Sólo usaban la palabra para conversaciones locales. Entonces los súper-intelectuales que, como he dicho, eran mucho mayores que el hombre; era inmortales, a causa que vivían muchos años de vida; se pelearon entre ellos y surgieron disensiones graves entre aquellos seres. No podían ponerse de acuerdo sobre determinados puntos, lo mismo que disienten ahora las razas humanas.

 

Un grupo fue a otra parte del mundo e intentó dominarla. Hubo lucha. Algunos de los súper-hombres mataron a otros y hubo guerras feroces con terribles destrucciones. El hombre, cuyos deseos de aprender crecían, aprendió las artes de la guerra; el hombre aprendió a matar. Y así, la Tierra, que antes había sido un sitio pacífico, se hizo un lugar lleno de inquietudes y trastornos. Durante algún tiempo -unos años- los super-hombres trabajaban en secreto, la mitad de ellos contra la otra mitad. Un día hubo una tremenda explosión y toda la Tierra tembló y vaciló en su trayectoria. Brotaron espantosas llamas que subieron a inmensa altura por el espacio, y la Tierra fue envuelta en humo.

 

Por fin se pacificó la situación, pero al cabo de muchos meses se vieron en el cielo extraños signos que llenaron de terror a los humanos de la Tierra. Se iba acercando un planeta que rápidamente se fue haciendo mayor. Era evidente que chocaría con la Tierra. Se produjeron grandes mareas y vientos fortísimos, y los días y las noches eran barridos por una rugiente furia tempestuosa. Ese amenazante planeta parecía llenar todo el cielo y estar a punto de chocar con la Tierra. Al acercarse éste aún más, las inmensas mareas inundaban territorios enteros. Los terremotos hacían vibrar continuamente la superficie del Globo y en un momento desaparecen continentes enteros.

 

La raza de los súper-hombres renunciaron a sus peleas, se apresuraron a montar en sus relucientes aparatos, se elevaron en el espacio y huyeron de la catástrofe de la Tierra. Pero en la Tierra seguían los terremotos; las montañas se elevaban y el fondo del mar subía a la vez, que aquéllas las tierras se hundían y se inundaban. Las gentes huían aterrorizadas, convencidas de que aquello era el fin del mundo y los vientos soplaban con una ferocidad creciente nunca vista. El estruendo y el clamor eran incesantes y trastornaban los nervios de los hombres, poniéndolos frenéticos.

 

Ese planeta invasor estaba cada vez más cerca y más grande, hasta que por fin se produjo un choque tremendo y una chispa eléctrica vivísima, seguida por continuas descargas que incendiaron los cielos. Se formaban en el cielo nubes negrísimas que convertían al día en una incesante noche de terror. Parecía como si el propio Sol se hubiera inmovilizado con tanto horror entre aquella calamidad, pues, durante muchísimos días, la roja bola del sol estuvo parada y lanzando grandes lenguas de fuego. Después, las nubes negras se cerraron y la noche fue completa. Los vientos eran helados y luego ardientes. Miles de personas morían por el cambio de temperatura. En esos cambios de temperatura, mucha vida vegetal y animales murieron; empezó a escasear el alimento.

 

Pero el alimento de los dioses, que algunos llamaban maná, caía del cielo. Sin él, los pueblos de la Tierra y de todos los animales, habrían muerto de hambre por la destrucción de las cosechas y la privación de todos los demás alimentos. Los hombres y las mujeres vagaban de un sitio a otro en busca de refugio tratando de encontrar algún lugar donde pudieran reposar sus agotados cuerpos, sacudidos por las tormentas, y torturados por tantas desventuras. Todos rezaban para que por fin hubiera calma y con la esperanza de salvarse. Pero la Tierra temblaba, las lluvias torrenciales no dejaban de caer y todo el tiempo llegaban del espacio exterior las descargas eléctricas.

 

Con el paso del tiempo, mientras las pesadas nubes negras se alejaban, el Sol se fue haciendo más pequeño. Parecía ir retrocediendo y las gentes lanzaban alaridos de miedo. Creían que el dios del Sol, el que otorgaba la vida, huía de los hombres. Pero aún era más extraño que el Sol hubiera empezado a moverse en el cielo de Este a Oeste en vez de ir del Oeste al Este.  El hombre había perdido todo punto de referencia para saber el tiempo. Al oscurecerse el Sol, no tenían el medio de saber cuándo se ocultaba y cuándo habrían ocurrido todos aquellos acontecimientos. Y se vio otra cosa muy extraña en el cielo: un mundo de gran tamaño, amarillo, giboso, que también parecía ir a precipitarse sobre la Tierra. Era lo que hoy conocemos con el nombre de la Luna, que apareció en aquel tiempo como resto de la colisión entre los dos planetas.

 

Mucho más tarde, los hombres encontraron una gran depresión en una zona de Tierra -Siberia-, donde quizá hubiese quedado dañada la superficie de nuestro mundo por la proximidad de aquel otro planeta o quizá sería el sitio donde se había desprendido la Luna.

 

Antes del choque, había ciudades y grandes edificios donde se albergaba el gran saber de la raza poderosa de los súper-intelectuales. Se habían derrumbado todos estos edificios y ya sólo eran montones de escombros que ocultaban los restos de aquella sabiduría. Pero los sabios de las tribus sabían que toda la ciencia del mundo se basaba en aquellos montones de escombros y por eso excavaban sin cesar para ver lo que podía salvarse aún para poder luego aumentar su propia potencia intelectual y material, utilizando los conocimientos de la Raza Mayor, extranjera.

 

Todos los grupos que, por alguna razón o por otra, se habían visto involucrados con el cuidado del planeta y que conocían bien cómo funcionaban los ciclos evolutivos a lo largo de la galaxia se dieron cuenta de que, en "breve", algo importante iba a suceder. Se acercaba el final de un ciclo. Había una oportunidad de hacer pasar al planeta a otro plano frecuencial, donde la vibración y las energías encontradas modificarían por completo la vida orgánica, produciría un cambio total en la estructura atómica de la Tierra y con ello afectaría por completo a todos los seres que lo habitaban. Se terminaría así de un plumazo la existencia actual de destrucción, la manipulación, y el control por parte de las razas creadoras del ser humano como un ser "implantado" y fuera de lugar, que se había convertido en una plaga y parásito para el resto de conciencias y seres que habitaban la Tierra.

 

Por largo tiempo el espíritu grupal de las razas animales se lamentaba de los daños sufridos, miles de especies que fueron traídas de otros planetas fueron sacadas de aquí por los mismos que las trajeron, la naturaleza se había vuelto desconfiada del ser humano, y los seres elementales jamás se hacían visibles para sus ojos; el espíritu del mar contenía la ira al ver como sus aguas se iban polucionando y contaminando. 


Pero los guardianes, y las razas Superiores, creían que todavía era posible solucionar el problema de la Tierra, no dudaron un solo instante en redoblar sus esfuerzos para despertar al ser humano primitivo – Ihumanu, que, en su mayoría, seguía todavía sumido en su mentalidad dominadora, arrasadora y conquistadora, como si fuera el ser más inteligente que pisara el planeta en el que vivía, y sin darse cuenta que el resto de conciencias y seres lo consideraban más bien una plaga a exterminar.


Ahora, ya había millones de espíritus sembradores de todas las partes de la galaxia encarnando, millones más llegaron para seguir encarnando y trabajando a destajo desde dentro del ser Ihumanu. El Logos Solar, la energía de los Creadores de la Vida Dios Padre-Madre del Origen de la Tierra, viendo que se terminaba el tiempo, hicieron un llamado, un grito desesperado que llegó hasta los grandes arquitectos de la Creación, y ese llamado fueron oídos por los Seres de Luz, de espíritus guerreros avanzados, y ellos tomaron el libre albedrío, decidieron intervenir en el planeta Tierra para ayudar a la Conciencia de la Ihumanu para sanarlo. La Tierra era un planeta "enfermo" y necesitaba mucha ayuda.

Así, se convocó una reunión.

Representantes del Logos galáctico, representantes de los árboles, el espíritu del viento, del agua, y los representantes los seres elementales, y los representantes de las razas guardianes que poseían en el planeta la armonía mucho antes de la creación del ser humano, y representantes de las diferentes razas Superiores, que atendieron la reunión desde sus naves espaciales empezaron a discutir que iban a hacer. Algunos de ellos pensaban en un "borrón y cuenta nueva" sería una buena solución, ellos podrían encargarse de ello, limpiando el planeta de un plumazo y dejando que este se regenerará por completo desde cero, su inicio...

 

Esto representaba no subir de nivel evolutivo, sino mantener durante otro ciclo completo a la Tierra en el nivel frecuencial actual, pero limpia, empezando desde el principio. Otros, más benévolos, y entendiendo que el ser humano era un producto inconsciente de laboratorio, que había sido creado y que merecía una oportunidad para desarrollarse por sí solo, sin el yugo de sus controladores y abogaron por permitirles que tomaran las riendas del cambio evolutivo en sus manos. Para ello iban a ser guiados por millones de Espíritus Superiores que entrarían de nuevo justo antes del cambio, y por los que estaban ya dentro, para instaurar las condiciones necesarias para permitir al planeta el salto, el salto cuántico para producir otro nivel de conciencia.

 

Los ancestros del planeta, empezaron a buscarse entre ellos, y empezaron a despertarse unos a otros ayudados por sus representantes que estaban fuera del planeta en las naves. Cuando muchos de ellos empezaron a acordarse de quienes eran en realidad y para qué habían venido, pudieron empezar a recibir instrucciones y planificar la última fase del plan de choque que debía implementarse, algo que venía a ser como anclar una especie de manto energético que les permitiría mantenerse sujetos al planeta cuando este tuviera la oportunidad de cambiar de plano frecuencial dentro de la elíptica galáctica en la que se encontraba.

 

Aun así, para ello, los Lhumanus iluminados, no eran suficientes en número, sino que hacían falta millones de seres humanos "despiertos", y dispuestos a ayudar, para enraizar esas nuevas energías al planeta, de forma que este no se viera rechazado por la fuerza del vórtice que permitía el paso dimensional, lo que sucedería si la Tierra no era energéticamente compatible con el nuevo entorno al cual se iba a desplazar. El problema es que no todos los asistentes a esa reunión confiaban en que los seres humanos lo pudieran conseguir. Pero es que, si no lo hacían, si no estaban listos cuando llegara el momento de la apertura del vórtice, con el nivel evolutivo suficiente para mantener la malla frecuencial necesaria para poder moverse de una zona a otra, el planeta se vería abogado a otro ciclo completo dentro del mismo plano, no se habría producido el salto, y aquellas razas que deseaban mantener al planeta como su zona de recreo y de suministro, probablemente habrían ganado la partida.

 

Y eso no podía ser...

 

Los guardianes de la naturaleza y las razas Superiores, ya sabían de estas mismas razas invasoras, y de lo que habían hecho, y repitiendo el mismo patrón en todos los otros sistemas que habían conquistado, y, en algunos casos, habían llegado a destruirlos, volando planetas enteros en pedazos por la codicia, la negatividad y el deseo de poder sobre todo lo existente que existía. Y eso sería una gran desgracia para los Maestros Arquitectos que tanto amor habían puesto en la creación de la Tierra, y una desgracia para los espíritus que desde la Fuente no tendrían entonces un lugar como este donde experimentar y crecer.

 

Solo la Fuente entendía que estas razas actuaban según su naturaleza, y que habían tomado la decisión desde hace eones, debido a la ley del libre albedrío, y como grupo, de renunciar a mantener la chispa divina en su interior, por lo que, dándole la espalda a la matriz de luz, sus almas se habían vuelto oscuras y mortales, necesitadas de tecnología para subsistir...

 

El ser humano, por otro lado, jamás perdió la matriz de luz que residía en su esencia como raza homínida, y por ello su esencia era inmortal, pero pocos de ellos sabían que la tenían, y muchos menos sabían usarla, dejarla salir y resplandecer y hacer que fuera ese espíritu que había encarnado en ellos quienes ayudaran a enderezar la situación del planeta. Pues todos los Espíritus divinos querían hacerlo, mientras buscaban sus propias experiencias y adquirían sus lecciones evolutivas particulares...

 

Solo por eso, o principalmente por eso, se les dio a los seres humanos la oportunidad de lidiar ellos mismos con el cambio evolutivo que tenían delante, aunque contarían con la ayuda de los Espíritus de luz, cada vez más numerosos, tanto los encarnados dentro del sistema como los que orbitaban y trabajarían desde fuera, combatiendo si era necesario y literalmente hablando, a los que trataban de hacer que los humanos no despertasen su conciencia, y se mantuvieran bajo el sistema de control implementado desde hacía ya miles de años...El plan ya estaba en marcha, y todos empezaron a trabajar duro para ello, pues el tiempo apremiaba, y había aún mucho por hacer...

 

Por eso, la entidad Jeshua, el Ser Crístico, el Ser intergaláctico, como se ha explicado anteriormente, ayudó a revertir a las fuerzas que inició esta entidad Jehová, y Jehová en la actualidad no está en el proceso de destruir a la humanidad y salvar a los suyos, sino que más bien está en el proceso de equilibrar. las energías de este planeta para traer armonía y reparar el daño que desató cuando inició sus operaciones. Y, recuerden que que el término "Jehová" se compara con el que se aplica a una tribu de seres del espacio exterior con un nombre llamado Yahweh como líder, y que esta entidad era como la fuerza detrás de esta acción.


Continúa: En busca del camino de la verdadera Conciencia -Parte siete- Lo puedes leer Aquí 



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